Hay quines definen a la historia del hombre como una eterna lucha entre los pueblos, las sociedades o clases. Algunos hasta se animan a aseverar que a la historia se la escribe con la guerra. Frederic Nietzsche habla sobre la utilidad de la historia para la vida, donde encuentra tres grandes grupos: Si el hombre que quiere crear algo grande necesita del pasado, se apodera de él por medio de la historia monumental; quien en cambio prefiere permanecer en lo acostumbrado y venerado desde siempre, cultiva lo pasado como historiador anticuario; y sólo el que siente el pecho oprimido por una necesidad actual y que a cualquier precio quiere quitarse la carga de encima, tiene la necesidad de una historia crítica, es decir, que juzgue y que pronuncie sentencias.[1] Quizá sea el bueno de Don Miguel de Unamuno quien, entro [...]
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Supongo que debe haber sido por el 2008 y hasta me arriesgaría a predecir que fue en Espejados, el programa que Alfredo Zaiat tenía en canal Metro —vaya paradoja que resultó—. El invitado para esa media hora de riquísima entrevista era Atilio Borón. Entre las muchas cosas interesantes que dijo, lamentablemente, sólo recuerdo dos.
La primera es tan cierta como exagerada. El politólogo revolucionario contó que en una charla que tuvo con alguien quien fuere maestro suyo, le planteó muy claro el panorama: “En definitiva, o se es de derecha o se es de izquierda”. No hay más vueltas. Nada de centro izquierda, ni derechas progresistas, conservadores o liberales. El quid de la política se dirime entre la izquierda y la derecha, todo lo demás son confusos eufemismos.
Sería tan lindo que no fuera cierto… que existan gradientes. Pero parecería que en definitiva, cuando la sangre brota, ese binomio es lo único que existe. O el pueblo, a través del estado, se ve representado y controla al mercado, o el marcado es regulado por unos pocos y el pueblo y el estado quedan relegados a víctimas y consumidores.
La segunda cosa que recuerdo haya dicho Atilio[...]
Hacía mucho tiempo que no lo veía (aunque más justo sería decir que, teniendo en cuenta la frecuencia con al cual solía verlo, 6 o 7 meses significa mucho tiempo). Y siempre es placentero cruzarse con él. Con sólo saludarlo alcanza para ver ahí: donde hay tanta historia y tantas cosas vividas pero, sin embargo, una chispa de burla se atraviesa por esa mirada cuasi borgeana (o thomyorkenesca). Supongo que por temor a ser pesado, nuca me di el placer de interrogarlo sobre su pasado como me hubiese gustado. No es mucho lo que sé de él. Sólo unas pocas y eclécticas cosas entre las que se encuentran el haber tomado la fábrica en la que trabajaba; o el hecho de que sea inventor, carpintero, profesor de piano, recientemente bisabuelo, productor (o mejor dicho, coordinador) . Desde hace un par [...]













