Serie 'Calles', Alejandra Fenochio

Supongo que debe haber sido por el 2008 y hasta me arriesgaría a predecir que fue en Espejados, el programa que Alfredo Zaiat tenía en canal Metro —vaya paradoja que resultó—. El invitado para esa media hora de riquísima entrevista era Atilio Borón. Entre las muchas cosas interesantes que dijo, lamentablemente, sólo recuerdo dos.

La primera es tan cierta como exagerada. El politólogo revolucionario contó que en una charla que tuvo con alguien quien fuere maestro suyo, le planteó muy claro el panorama: “En definitiva, o se es de derecha o se es de izquierdaâ€. No hay más vueltas. Nada de centro izquierda, ni derechas progresistas, conservadores o liberales. El quid de la política se dirime entre la izquierda y la derecha, todo lo demás son confusos eufemismos.

Sería tan lindo que no fuera cierto… que existan gradientes. Pero parecería que en definitiva, cuando la sangre brota, ese binomio es lo único que existe. O el pueblo, a través del estado, se ve representado y controla al mercado, o el marcado es regulado por unos pocos y el pueblo y el estado quedan relegados a víctimas y consumidores.

La segunda cosa que recuerdo haya dicho Atilio[...]

Hubo un momento en la historia de la humanidad en el que existían hordas de personas que raptaban a jóvenes vírgenes y las trasladaban a pueblos vecinos, donde eran ofertadas en una especie de remate público para su uso y abuso. El Dios venerado para esta práctica no era otro que el de la codicia, Supremo de la fuerza pública y de los jueces, y sustentado por los imprescindibles morbosos-clientes. Cuesta imaginar una sociedad así. Una sociedad que secuestre y desaparezca a 600 mujeres. Las venda, las remate, las abuse, las viole y las desaparezca. ¿Cómo hace esa sociedad para no exigir multitudinariamente al estado, provincial y nacional, que frene las vejaciones, que genere un marco legal con mayor facilidad para las victimas y no para los victimarios, que la trata de personas esté dentro de la política de estado [...]