Ya nos enseñaron a pescar ¿y ahora?
Supongo que debe haber sido por el 2008 y hasta me arriesgaría a predecir que fue en Espejados, el programa que Alfredo Zaiat tenía en canal Metro —vaya paradoja que resultó—. El invitado para esa media hora de riquísima entrevista era Atilio Borón. Entre las muchas cosas interesantes que dijo, lamentablemente, sólo recuerdo dos.
La primera es tan cierta como exagerada. El politólogo revolucionario contó que en una charla que tuvo con alguien quien fuere maestro suyo, le planteó muy claro el panorama: “En definitiva, o se es de derecha o se es de izquierda”. No hay más vueltas. Nada de centro izquierda, ni derechas progresistas, conservadores o liberales. El quid de la política se dirime entre la izquierda y la derecha, todo lo demás son confusos eufemismos.
Sería tan lindo que no fuera cierto… que existan gradientes. Pero parecería que en definitiva, cuando la sangre brota, ese binomio es lo único que existe. O el pueblo, a través del estado, se ve representado y controla al mercado, o el marcado es regulado por unos pocos y el pueblo y el estado quedan relegados a víctimas y consumidores.
La segunda cosa que recuerdo haya dicho Atilio, parece ser mucho más visible en estos tiempos donde la muerte de Néstor Kirchner de Fernández, los tres años de gobierno CFK, la vuelta del asesino de Kosteki y Santillán (entre otros), el pueblo politizado, la xenofobia que tanto seduce a la clase media (también llamado el medio pelo argentino), y, por qué no, las fiestas, invitan a una reflexión.
Borón explicó que, en lo macro, la economía argentina estaba alcanzando un crecimiento record e inesperado, sobretodo teniendo en cuenta la crisis que deparó el neoliberalismo. Ahora bien, esa holgadez alcanzada en lo macro, no podía verse —aún— reflejada en lo micro, en el día a día de cada habitante.
Importaciones record, el campo aumenta sus ganancias año tras año, la industria de la construcción creció a un %15 anual, el turismo genera éxodos en cada fin de semana largo, la industria automotriz no para de sorprenderse por la ganancias que genera, el país de a poco va desendeudándose y las reservas del Banco Central superan la media histórica. Y todo esto pasa mientras Europa y EEUU atraviesan la crisis financiera más dañina de la historia, generada por el neoliberalismo mundial.
Sin embargo, todas estas loas macroeconómicas no estaban, por el 2008, reflejadas en la vida diaria.
Posiblemente hayan algunas pistas claras de porqué no sucedía. Básicamente, se debió a que el crecimiento macroeconómico dependía de políticas económicas que se tomaban desde el poder ejecutivo, que es la punta de la pirámide; mientras que las medidas microeconómicas son tomadas por el resto de la pirámide: empleadores, empresas extranjeras, el parasitado sistema burocrático, bancos privados y, ¿cuando no?, el medio pelo argentino que siempre intenta sacar provecho del más débil, por lo que necesita que ése más débil siga siendo más débil.
No es nada nuevo. En este sentido es bastante vieja la solución: redistribución de la riqueza.
La riqueza está, porque el crecimiento económico existe. La redistribución falta porque el sistema que une a la punta de la pirámide con la base está corrupto. La conclusión de Atilio Borón, en ese entonces, fue profetizar que el desafío del gobierno iba a ser encontrar la forma de depurar el entramado corrupto del sistema para que la redistribución se produzca y así las evidentes mejoras macro surtan efecto en el pueblo que propició ése crecimiento.
Por la posición superior que el gobierno ejerce en la pirámide social, pareciera que a los problemas sólo los puede atacar desde el cenit. Como lo hizo al proponer la 125 para gravar las opulentas importaciones que tantos recursos del país usan y tan poco devuelven. La estatización de las delictivas AFJP, que robaron millones de pesos e impidieron durante años que los jubilados se vean beneficiados por el crecimiento económico. Pedir por el cumplimiento de la constitución al propiciar la participación de los trabajadores tanto en las ganancias de las empresas como en el directorio. Y la más actual de todas las medidas: la creación del ministerio de Seguridad presidido por Nilda Garré, para depurar desde arriba a uno de los más corruptos aparatos del estado.
Pero es también nuestra responsabilidad generar la limpieza del corrupto entramado social. El gobierno ha tomado medidas que nos permiten colaborar en la conformación de un sistema más honesto e inclusivo.
La Asignación Universal por Hijo es una ayuda que da el estado a quienes no se encuentran beneficiados por ningún otro sistema de ayuda económica a los niños, y, además, obliga a que los chicos cumplan con el calendario de vacunación y con la asistencia al establecimiento educativo. Es una inversión que el estado realiza hoy para no tener, en un futuro, a una juventud paria, hija de 3 generaciones de desocupados, tataranietos del neoliberalismo riojano.
Un amigo vende máquinas de cocer, me comentaba que nunca le vendieron al estado porque siempre pedían sobreprecios, el famoso vamo’ y vamo’. Pero en los últimos años sí le están vendiendo, y centenares de máquinas, al Ministerio de Desarrollo Social. Los encargados de realizar la compra estuvieron buscando el mejor precio del mercado, “como lo hacen los privados”, y me aseguró que le compran a ellos, a pesar de no ser los más baratos, porque entregan las máquinas embaladas, lo que termina siendo más barato y práctico para el estado.
Es evidente que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner está haciendo todo lo posible por extirpar ese tumor descripto por Borón. Pero solo le es muy difícil, sino imposible, realizar tremenda tarea. Mientras se siga pidiendo seguridad y comprando repuestos en Warnes, digno del medio pelo argentino, las visibles mejoras económicas van a seguir estando veladas por un alo de corrupción del cual somos, al menos, cómplices.
Y sin lugar a dudas, la lucha más grande que dio el gobierno por desenmascarar el sistema corrupto que no permite visibilizar el crecimiento del país, no es otra que generada por la eternamente festejada Ley de Servicios Audiovisuales, que fue impulsada por el gobierno de Cristina pero realizada por el pueblo. El primer medio que dio voz al pueblo, fue la realización de la ley en sí, con centenares de congresos y charlas que se propiciaron para escuchar las necesidades que debían plasmarse en al ley, cuyo fin todavía está siendo negado por jueces adictos al sistema corrupto y burocrático que no dudó ni duda en matar y desaparecer a quienes peleen por el crecimiento macro y micro, económico y cultural, nacional y popular, latinoamericano e inclusivo.
La depuración continúa. Hay cura.












